Boris Johnson busca la salvación con una purga de su equipo y un puñado de medidas populistas

Más allá del demoledor veredicto sobre su credibilidad que las encuestas han emitido en los últimos días, Boris Johnson sigue convencido de que tiene la salvación al alcance de su mano. Solo necesita sacrificar algunas cabezas de su equipo de fieles para que paguen por el resto los excesos de alcohol y fiesta en la Downing Street del confinamiento, y ofrecer al ala dura del Partido Conservador —la que le ayudó a alcanzar la cumbre de su carrera política— algunas de las medidas populistas que lleva años reclamando.

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Un fin de semana de cartas de rabia y furia

El principal termómetro del que disponen los diputados del Reino Unido para medir el clima político y otear su propio futuro es el intercambio de correos con los votantes de sus respectivas circunscripciones. Es muy habitual que celebren las llamadas surgeries (consultas) cada fin de semana, para escuchar de viva voz las quejas e inquietudes de todos ellos, pero sus buzones (cada vez más, de correo electrónico) están siempre abiertos. Y el pasado fin de semana, los de los diputados conservadores se inundaron de mensajes de rabia, frustración y decepción con Boris Johnson y su Gobierno por el escándalo de las fiestas prohibidas en Downing Street durante el confinamiento. 

Son seis los diputados del partido del primer ministro que han reclamado públicamente su dimisión, pero muchos más los que han utilizado palabras de grueso calibre contra el Gobierno para responder a sus escandalizados votantes. “He escuchado las disculpas del primer ministro. Por decirlo claramente, no estoy nada contento”, replicaba en un texto el diputado Giles Watling, que cumplió con las normas de restricción social durante la pandemia y no pudo ver a su hermana, que acabó falleciendo por la covid.

Las personas que ocupan posiciones de poder “no deberían escabullirse a la hora de afrontar sus responsabilidades públicas”, admitía a uno de sus electores George Freeman, secretario de Estado para la Ciencia. “El primer ministro y su Gabinete están obligados a imponer los estándares más elevados”, afirmaba Freeman, después de admitir que el escándalo de las fiestas le había dejado “conmocionado y boquiabierto”.

Grassroots Conservatives (Conservadores de Base), la asociación de los afiliados conservadores que más pisan la calle, ha asegurado este lunes que, según su última encuesta, hasta un 40% de sus militantes está convencido de que Johnson debe dimitir por el bien del partido, y que existe una “irritación masiva” entre las bases por todo lo sucedido. 

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