La tentación del enemigo europeo: Johnson agita el Brexit para reagrupar fuerzas tras la humillante moción de censura

La tentación del enemigo europeo: Johnson agita el Brexit para reagrupar fuerzas tras la humillante moción de censura

La frase parece hecha a medida para Boris Johnson. “Cuando uno solo dispone de un martillo, todos los problemas se le antojan clavos”, dejó dicho el psicologo estadounidense Abraham Maslow. El primer ministro británico está dispuesto a luchar a martillazos por su supervivencia, después de superar este lunes por un estrecho margen la moción de censura interna votada por los diputados conservadores. Y, de nuevo, el arma es el Brexit, y los rencores y venenos que la “cuestión europea” desata entre los tories desde hace décadas.

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Los precedentes de Thatcher, Major y May

Resulta paradójico que las tres mociones de censura interna en el Partido Conservador que más se recuerdan estos días giraran en torno al eterno debate de Europa. Pero aunque los aliados de Boris Johnson se empeñen en culpar a los partidarios de permanecer en la UE de haber organizado la actual rebelión, en este caso ha sido el escándalo de las fiestas en Downing Street durante el confinamiento, y no la batalla del Brexit, la chispa que ha encendido el motín.

Thatcher sufrió la revuelta de un grupo de eurófilos, liderados por Michael Heseltine, que no entendían la actitud cada vez más beligerante hacia Bruselas de la Dama de Hierro. Eso, y la sensación de que el thatcherismo había pasado de ser un caballo electoral ganador a una rémora. La primera ministra venció en primera vuelta. Las mociones de censura interna de entonces (1990) eran constructivas, y requerían de candidato alternativo. Su victoria fue tan estrecha que comprendió que la derrota estaba asegurada en la segunda votación y tiró la toalla.

Su sucesor, John Major, se enfrentó a una rebelión inversa. Comenzaba a crecer el grupo de euroescépticos conservadores —»esos bastardos», como los definió el propio Major— que le hacían la vida imposible y ataron sus manos a la hora de negociar el Tratado de Maastricht. Él mismo provocó la contienda interna, y en 1995 barrió a su rival en el partido, John Redwood. Dos años después, el Partido Laborista (el Nuevo Laborismo de Tony Blair) se llevó por delante a Major.

Theresa May, euroescéptica de última hora que había votado en contra del Brexit en el referéndum de 2016, intentó la cuadratura del círculo: negociar con Bruselas un tratado que contentara a los euroescépticos y preservara las ventajas de pertenecer a ese club, como el acceso al mercado interior.

Víctima de una rebelión en la que tuvo mucho que ver su sucesor (Boris Johnson), May logró sobrevivir a la moción de censura interna de un modo incluso más holgado que el actual primer ministro: 200 votos a su favor, 117 en contra (frente a los 211-148 de Johnson, con un grupo parlamentario más amplio). Era diciembre de 2018. Cuando cinco meses después, el Partido del Brexit del euroescéptico Nigel Farage arrasó en las elecciones al Parlamento Europeo a costa de los conservadores, May presentó su dimisión. En su discurso de despedida lamentó profundamente «no haber sido capaz de llevar el Brexit a buen puerto».

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